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messageMi hijo muere cada tarde en el mar, mi hijo tiene 18 años (...), mi hijo no nació para morir en el mar...   
Enviado por: rachid boussad
Fecha: 19 de agosto de 2008, 15:16

Mi hijo muere cada tarde en el mar, mi hijo tiene 18 años y 26 y 32; tiene todas las edades en la que hay fuerza, pasión y deseos (…), mi hijo no nació para morir en el mar, ningún Dios lo castiga, ninguna maldición lo obliga a ser esclavo (…).
Pilar del Río.

Se ponen el sol, los periódicos llegan como flechas que andan a todas partes. En la portada destacan dos palabras malditas “Paro” y “Lahrigh”, cuyo significado es la inmigración clandestina, que parece estar en boca de todos los jóvenes.
Cada día, vemos cadáveres, escuchamos inmigración ilegal, cayucos, subsaharianos…
Cada amanecer y anochecer; al acostarse y al despertarse, me pregunto ¿cuánto deberían de haber muerto en este maldito estrecho?
Cada vacaciones unos esperan sus hijos que van a regresar de sus vacaciones de países lejanos donde estudian. Otros que sólo esperan cada instante una llamada telefónica de sus hijos que inmigraron clandestinamente en pateras o cayucos en una noche turbia.

Cada madrugada, me despierto y lo primero que digo “Maldito mar, maldito estrecho de Gibraltar”.

Cada oración, pido a Dios, nuestro creador, que les ayude, que no se rindan, que suban, que sigan, que retan…Sin embargo, el mar traga y traga y no para de tragar.

Unos pobres muerden el aire con el ahínco desesperada y frustrada de llevar sus pechos para que no se aneguen, se inunden, para que sus cuerpos no sean platos exquisitos a los tiburones. Muerden el aire en vacío, otros resisten, miran el cielo con los ojos clavados en la luna llena como si fuera el rostro de Dios al que suplican, pero el maldito mar traga sin obstinarse. Y otros, luchan con una voluntad de hiero macizo, reman con sus brazos desafiando el mar, con el prepósito de llegar a la otra orilla que tanto soñaron.

Un saludo desde la ciudad de Khénifra, a todos los inmigrantes clandestinos.